Faro de Luisu

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Déjà vu

Colaboraciones > Textos

Autor: Leviatán


"Por su falta de fe perecieron los dinosaurios; en cambio, los carroñeros sobrevivieron gracias a su codicia. Las cifras que expresan esta profunda crisis económica son abstractas, pero cualquier hecatombe general siempre se reduce a un drama íntimo, de la misma forma que uno puede resbalar en una piel de plátano y morir del batacazo mientras está cayendo la bomba de hidrógeno sobre su cabeza. Por todas partes nos anuncian desgracias, y desde las playas atestadas bailando y devorando sandías oímos por la radio asegurar a los agoreros lo pobres que somos. Que Dios te dé salud para ver dos o tres crisis más igual que ésta, ya que la primera obligación de las personas es no morirse, aunque las funerarias no estén de acuerdo. Los enterradores triunfan en tiempos de epidemia. Ahora también hay individuos que se nutren de quiebras, hipotecas, fallidos y ejecuciones. Son los buitres de cuello pelado que merodean los despachos de directores de banco, llevando un maletín forrado con la piel de los que se han arruinado. La crisis económica crea un estiércol muy hondo que alimenta a toda clase de ratas y carroñeros. En este momento alguien está ganando mucho dinero con tu desánimo. Hay que resistir. El optimismo es una fuente de riqueza. Si no quieres escuchar los graznidos de felicidad que emiten las aves de rapiña sobrevolando el préstamo que no has podido atender, apriétate el cinturón, vuelve a la austeridad espartana, pon los pies a remojo en un lebrillo bajo la parra, come frutas y ensaladas, vístete con los viejos pantalones y un camisa blanca y limpia, cómprate un sombrero de paja, cuida tu salud para que al menos la crisis no te haga sangrar la úlcera de estómago y aguanta todos los embates agarrado al tarro de mermelada de la abuela. La crisis pasará. Sólo la falta de fe podría tumbarte. Así sucedió con los dinosaurios. Sería terrible contemplar a los carroñeros celebrando una victoria tan rotunda como su codicia, que sólo habría sido posible gracias a tu pesimismo."


El texto entrecomillado que acabais de leer es un artículo titulado Rapiña, que el gran Manuel Vicent publicó en El País el verano del 94. Lo leí haciendo una imaginaria en Astorga (lo recuerdo como si fuera hoy), y me gustó tanto que he guardado el recorte todo este tiempo. Es curioso que catorce años después mantenga toda su vigencia. O a lo mejor no lo es tanto. Quizá sea tiempo de cosecha y ya nos toca.

Saludos.

Leviatán


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