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Autor: Willfred Wabailan
Ya está en España, ¡por fin!... o eso dicen algunos. La nueva versión del gadget celular de Apple apenas tiene 10 días de vida comercial y las expectativas de venta en el primer fin de semana se han superado.
El pasado viernes día 11 de Julio de 2008, el gran día del estreno del iPhone 3G en la también nueva y flamante Flagship Store de Telefónica en los bajos de su emblemático edificio de Gran Vía, dio la casualidad de que tenía una reunión en la planta 12 del edificio. Se trataba de un desayuno de trabajo en el que tenía que exponer las bondades y beneficios del uso del móvil en servicios de la Administración y la Sanidad. Era la primera vez que tenía una reunión en Gran Vía. Hasta ahora había tenido la oportunidad de conocer los edificios emblemáticos de Telefónica Móviles (empresa que me explota con cariño y con mi orgulloso consentimiento) en Recoletos y Plaza de la Independencia, pero no conocía el insigne edificio de Telefónica Corporación en la céntrica y carismática calle madrileña. El puto corazón institucional de la empresa. En el desayuno, en una sala noble con columnas de mármol, maderas de caoba y espectaculares vistas de todo Madrid, me puse hasta el culo de frutas exóticas y zumos variados que nos servía una amable camarera de escote generoso y esbeltas piernas.
Llegué al edificio de Gran Vía poco antes de las 9 de la mañana. La tienda se inauguraba a las 10, a la vez que se ponía a la venta el dichoso cacharro de Apple. Una interminable cola de personas aguardaba con ansia la apertura de la tienda. Encima de la puerta principal un gran cronómetro digital marcaba la cuenta atrás para la apertura de puertas. Como no conocía el edificio me acerqué hacia esta puerta, donde encontré a una señora de avanzada edad, de dorados y oxigenados cabellos teñidos, elegantemente vestida con un aspecto juvenil hortera, con la cara recubierta de un grasiento y sintético maquillaje y extremadamente ataviada con joyas relucientes de las caras, que increpaba al fornido centinela de la puerta porque no le permitía pasar. La señora, al ver mi tarjeta de empleado de Telefónica que llevaba colgada al cuello, me exigió que la atendiera de inmediato porque era nosequién, amiga de nosecual jerifante de Telefónica, y que le habían dicho que podía pasar ese día a recoger un iPhone.
Esta señora me cayó especialmente antipática, pero con la mejor de mis sonrisas, le ofrecí guiarla hasta la puerta adecuada (hacia la que el centinela de la tienda llevaba tiempo, sin éxito, intentándola redirigir). Nos dirigimos, por tanto, hacia una entrada lateral del edificio en la calle Valverde (donde tuve oportunidad de sacar esta foto a la salida de la reunión, donde se ve la cola dando la vuelta a la esquina desde Gran Vïa, era ya casi la una de la tarde, después de 3 horas de la apertura).
Nada más entrar en el edificio la señora se abalanzó hacia la inocente azafata de Telefónica que atendía el mostrador de recepción, reclamando su iPhone. Yo, en una reacción ágil, me dirigí a otra azafata que merodeaba por allí para indicarle que tenía una reunión. Afortunadamente, la azafata verificó diligentemente mi acreditación y me invitó a subir hacia la sala de reuniones. Según se cerraban las puertas del ascensor que me subiría hasta la planta decimosegunda, podía escuchar cómo la contrariada señora continuaba su disputa, esta vez con una nueva azafata, para conseguir su prometido y ansiado iPhone.
Durante el ascenso reflexionaba acerca del vehemente comportamiento de esta señora y para qué querría el gadget de Apple. Trataba de imaginarme a esta señora deslizando sus gruesos dedos de largas y cuidadas uñas por la pantalla táctil del teléfono, intentando abrirse camino entre sus iconos y widgets, mirando con ignorancia la pantalla a través de sus gafas para ver de cerca desplazadas hacia el extremo final del puente de la nariz, mientras sus pulseras de oro le caerían sobre sus muñecas entorpeciendo aún más la operación. Llegué a la conclusión de que le resultaría completamente inmanejable. Con toda probabilidad querría regalar el teléfono a algún hijo o nieto. Esta esta señora se había convertido para mí en el paradigma de la fiebre iPhone.
El lanzamiento del nuevo iPhone ha duplicado las expectativas de diversos analistas que cifraban, aproximadamente, en medio millón de unidades, las ventas en el primer fin de semana en los 22 paises en los que se han lanzado. La estrategia de la compañía de Steve Jobs de rebajar el precio del terminal para abarcar mayor cuota de mercado ha comenzado con buen pie, pero ojo, esto puede ser una navaja de doble filo a largo plazo. No olvidemos que el valor diferenciador del iPhone, la iPod o el resto de productos de Apple, es su exquisito diseño y su factor de exclusividad. Si se pierde este factor que distingue a los propietarios de los productos de Apple y se convierten en dispositivos de gran consumo, perderán su valor competitivo y diferenciador, y correrán el riesgo de que sus clientes top huyan hacia otros productos de gama más alta (que los hay y mucho mejores) para recuperar su exclusividad perdida, y los de gran consumo acaben sucumbiendo ante la potente maquinaria comercial de Nokia, Samsung, MotorolaSony-Ericsson. Apple ha conseguido un precio competitivo a costa de prescindir de una cámara de altas prestaciones (sólo incorpora una sencilla cámara de 2 Mpixels sin autofocus y que no permite grabar vídeo, que la novedad del fracasadoNokia hace 4 años) y de una segunda cámara frontal para incorporar videollamada 3G, aunque esto no creo que se eche mucho de menos, visto el poco éxito de este servicio… aunque tiempo al tiempo… fijaos en la adicción de vuestros hijos y sobrinos a la webcam del messenger. No obstante, el resto de características técnicas son excelentes, incorporando tecnología UMTS y HSDPA (fundamental esto último para cualquier móvil actual que se precie), WI-FI, Bluetooth, receptor A-GPS, acelerómetros y sensores de luz y de proximidad, además de su excelente pantalla táctil. En el lado negativo, está por ver la cuestión de la usabilidad, asignatura en la que expertos en experiencia del usuario le han dado un suspenso. Los usuarios de la iPod echarán mucho de menos la sensacional ruedecita táctil con la que saltan ágilmente entre canción y canción. Los usuarios de telefonía echarán de menos, como mínimo, botones básicos para iniciar o rechazar llamadas y no digamos ya los SMS-adktos, que las pasaran knutas pr scrbr mnsjs. Especialmente lo vas a pasar mal si eres fumador, ya que te resultará complicado sostener y manejar el iPhone con una sola mano mientras tienes el cigarrillo en la otra (lo digo por experiencia en primera persona). Pero bueno, qué se puede esperar de un hombre como Steve Jobs que ni siquiera lleva botones en su ropa.
Pero donde realmente ha puesto el foco Apple en esta ocasión, más allá del terminal en sí mismo, es en el desarrollo de aplicaciones móviles. De la misma forma que la iPod no sería nada sin el servicio de descarga de contenidos de iTunes, el iPhone se ha presentado con un catálogo de más de 500 aplicaciones en su App Store. Y ahí es donde realmente quieren hacer negocio: contenidos (a través de iTunes) y aplicaciones (a través de App Store). Y aquí pueden encontrar dificultades. En el segmento residencial tendrán un buen campo de acción, ya que habrá miles de frikis desarrollando aplicaciones en sus ratos libres, pero no así en el segmento empresarial, donde son empresas con ánimo de lucro las que desarrollan las aplicaciones (Fuerzas de Venta, Fuerza de Campo, ERP/CRM Móvil) y ahí para que salga positivo el Plan de Negocio, tiene que haber una masa crítica de terminales. Y si enciman esperan que las distribuyan a través de su App Store llevándose una comsión del 30% van listos. En este campo RIM (Blackberry), Symbian (ya completamente controlado por Nokia), J2ME yWindows Mobile le llevan mucho terreno por delante y ahí están Google con su Android intentando pillar cacho y, sobre todo, lo que está por venir (que Intel todavía no ha dicho ¡aquí estoy yo!, pero ya tiene planes de extender la arquitectura x86 a los móviles y eso sí que va a ser una revolución). En cualquier caso, el éxito de Apple es innegable, ya que situarse de golpe con cuotas de mercado del 6% (en el ámbito de SmartPhones, en el cómputo global de telefonía móvil apenas tendrán un 1%) en un entorno tan competitivo como son las comunicaciones y aplicaciones móviles, es un éxito sin paliativos. En cualquier caso, a largo plazo, creo que Apple se quedará en una posición de nicho, no predominante, orientado hacia los heavy user y los early adopters (en Telefónica, si no usas estos palabros no eres nadie). Si dentro de 5 años logra mantener una cuota cercana al 10% mundial será un exitazo. No debería nunca intentar ir más allá, porque sería su suicidio. Dejarían de ser Apple, los pijos de la manzana.
01:13 20/07/2008
Willfred Wabailan