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La condenación de Fausto

Colaboraciones > Textos

Autor: Eugenio

A mis buenos amigos
Julio Liberal y Juan Antonio Hernando



Rodrigo, Alarico y Leovigildo, son buenos amigos desde su juventud, cuando hace mucho tiempo coincidieron en los conciertos del Teatro Monumental de Madrid, y hasta la fecha son asiduos a los espectáculos musicales que allí se representan.

Los tres tienen muchas afinidades, pero en particular coinciden en ser buenos amantes de la música, especialmente de autores clásicos. No reparan en salvar cualquier inconveniente para asistir a los ensayos de los conciertos, que representa la Orquesta Sinfónica y Coros de Radio Televisión Española en el citado teatro todos los jueves durante los meses de Octubre a Mayo de cada año.

El jueves final de temporada, salieron gozosos por haber asistido a uno de los días más felices que les brinda la música. En general la programación de los conciertos es variada y muy interesante, contando con la colaboración de prestigiosos directores y solistas, destacando el actual Director Titular Carlos Kalmar; y brillante en general la interpretación de la referida gran orquesta, reconocida y admirada a nivel nacional e internacional, que viene contribuyendo a la difusión de la cultura musical al gran público y a los niños de los colegios en particular.

En esta ocasión han disfrutado con la famosa obra: La Condenación de Fausto, del inolvidable Héctor Berlioz, dirigida por el director invitado Michel Plasson. Se trata de una obra entre la ópera y la sinfonía coral. El mismo Berlioz escribió el libreto a partir de la obra Fausto, de Goethe. Como es sabido, se trata de un personaje protagonista de varias obras literarias y musicales, inspirado en un mago. Se desconoce si es leyenda o historia real, parece ser que vivió entre los siglos XV y XVI, cuyo argumento principal es que vende su alma al diablo para obtener sabiduría. Insatisfecho por la limitación de sus conocimientos e incapaz de ser feliz, se le aparece Mefistófeles, demonio súbdito del Diablo para ofrecerle trascendencia y la felicidad a través del amor.

Berlioz hizo cambios significativos idealizando al personaje respecto a la obra de Goethe. No existe un pacto con el diablo, sino que el amor es una trampa extorsiva tendida por Mefistófeles, y al final de la obra Fausto decide entregar su alma al diablo para que Margarita, su amada, pueda alcanzar el paraíso, convirtiéndose así en su salvador.

Héctor Berlioz, compositor francés, fue un genio y extraordinaria su influencia en la creación musical del siglo XIX. Figura destacada del Romanticismo. Gran innovador y liberador de la música francesa, en un momento de total hegemonía de la música operística italiana y de la preponderante alemana que dominaba en el citado siglo.

Después de haber disfrutado del espectáculo, nuestros personajes encaminaron sus pasos hacia un conocido bar-restaurante, como hacían por costumbre, para celebrar una vez más la dicha de poder seguir disfrutando de buena música, y como decían unánimemente, por seguir siendo buenos amigos.

Sentados alrededor de una sencilla mesa, brindaban degustando un buen vino, y durante un rato hablaban de todo un poco, especialmente de la música vivida y de los acontecimientos de reciente actualidad.

En esta ocasión, Rodrigo, persona curtida en los afanes musicales, inició la conversación ponderando la magnífica interpretación de la obra de Berlioz, especialmente de la orquesta y en particular del director invitado, añadiendo a continuación, después de pinchar una aceituna del aperitivo que les habían puesto:

¿Sabéis queridos amigos que el inmortal personaje Fausto me ha recordado a otros de actualidad, que en su afán de conseguir honores y gloria, y en especial poder y dinero, son capaces también de vender su alma al diablo?

Alarico, enseguida entró al trapo, comentando sobre los temas de actualidad en los tiempos que nos ha tocado vivir, de cierta turbación por el presente e inquietud y desasosiego por el futuro, y dijo, después de emitir un largo suspiro:

Lo que tú dices, es tan real como la vida misma, por la desmedida ambición de muchos personajes que tienen como afán principal medrar a costa de lo que sea, esto es, enlazo con lo que tú comentas. Pues es injustificable que en muchas ocasiones actúan en beneficio personal cuando realizan una función pública.

Y añado, todo ello se agrava con las iluminaciones fantasiosas y el sectarismo aplicado por quienes debían de aplicar más el sentido común que el partidista.

Alarico, tomando su vaso, dio un sorbo del rico vino que estaban tomando, y con su mirada invitaba a su amigo Leovigildo, para que tomara el relevo en la conversación. Así lo entendió, pues de inmediato tomó la palabra en los siguientes términos:

-Yo, ¿Qué queréis que os diga? Que si no fuera por el bálsamo que nos proporciona nuestra querida música, estaría gritando y clamando al cielo pidiendo piedad por este Pueblo de desilusionados y desconcertados, que inmerecidamente, creo, nos ha castigado con personajes que nos hacen enmudecer por no haber evitado que lleguemos a cinco millones de parados. Que un alto índice de nuestra juventud tenga un obscuro horizonte en su porvenir; y que los que debían de haber actuado a tiempo al conocer la crisis que ha atenazado al mundo en general, la ignoraron o fingieron ignorarla, no tomando las medidas adecuadas a tiempo, y por ende engañando a los ciudadanos y dejando por el camino jirones de nuestra credibilidad ante el mundo. Descrédito ganado a pulso.

Además decidieron consumir todas sus energías en hacer su particular revolución social sin control de gastos, actuando en una espiral de endeudamiento desorbitado, ahogando las cuentas públicas y generando una masiva destrucción empresarial.

Queriendo tomar un respiro y un trago de vino para suavizar la reseca garganta que le había producido su exaltada disertación, le pasó el relevo a Rodrigo.

Este no tardó en saltar a escena:

Os habéis olvidado, no creo sea adrede por el mal “rollo” que supone recordarlo, que entre otros grandes males nos están empobreciendo, especialmente por el “pellizco” que supone para las rentas del trabajo o de las pensiones, la imparable escalada de la inflación. Que se lo digan a los ciudadanos, que son muchos los que gozan, por decirlo de forma jocosa, de un préstamo hipotecario para la compra de vivienda, y que tienen que pagar más dinero a fin de mes.

Los que empezaron a modo de Papa Noel, aplicando el subsidio permanente, dando dinero sin tenerlo, a costa de mucho endeudamiento, para después quedar en nada o casi nada: Ahí tenemos “el cheque bebé”, el tema de los 420 euros, las ayudas a parados de larga duración, los costosos Planes B, de discutida eficacia pero de enormes costes. Los mismos que han reducido el salario a los funcionarios, y a los jubilados, que aparentemente subieron las pensiones, para al final cobrar menos.

Y que me decís, dijo Alarico, -cortando la disertación de Rodrigo, aprovechando que éste hacía señas al camarero para que volviera a llenar los vasos- de las escandalosas prejubilaciones, al tiempo que alargan la edad de jubilación. Mientras tanto tenemos a los jóvenes esperando una oportunidad para poder trabajar, o lo que es peor, buscando alternativas en otros países, donde tengan más suerte para soñar con un futuro digno. Muchos de estos son a los que han abocado a echarse a la calle clamando por un mundo mejor del que se les está heredando. Aunque entre ellos se mezclen los que buscan el río revuelto en pos de una utopía, instalando un sistema irrealizable, y tratando de arrasar lo que merece ser conservado.

Leovigildo que estaba esperando tomar la palabra vino a decir:

Los que proclaman a los cuatro vientos que su principal lucha es por el bien común de los ciudadanos de este viejo Pueblo, no se han enterado aún, o no quieren darse por aludidos, de que su credibilidad y prestigio están a unos niveles tan bajos, como el crédito de las instituciones democráticas. Permaneciendo impávidos sin impulsar una regeneración de su actuación en la gobernabilidad de esta gran nave que se llama España, que viene navegando por aguas procelosas y con peligro de quedar desarbolada y sin control, y varada en sombrías y agreste playas, por la incompetencia para cambiar al rumbo adecuado. Producen frustración y perplejidad. Por algo será que se les suspenden en todas las encuestas que se vienen realizando desde hace tiempo.

Rodrigo, quiso añadir:

¿No creéis queridos amigos, que mucho tiene que ver con el despilfarro con que actúan nuestros gobernantes a todos los niveles, incluidas autonomías y ayuntamientos? Sin ningún atisbo de apretarse, como se dice, los cinturones, y eliminar muchos gastos superfluos derivados en gran medida de su descarada vanidad, alcanzando abusos inadmisibles de despilfarro y suntuosidad.

¿No os parece que en lugar de solucionar los problemas de los ciudadanos, como debería ser en una buena democracia, se han convertido en un problema más de los muchos que ya tenemos?

¿Creéis que son conscientes de las cerca de 400.000 empresas cerradas y de que podemos estar pendientes de una operación rescate, como las vividas por los países que ya conocéis, por la enorme deuda contraída?

Podéis haber comprobado que, ante las elecciones últimas, no han reparado en gastos, en la misma medida de sus promesas, que en muchos casos no podrán cumplir por falta de medios. Pero ahí quedan, que siempre hay ilusos que se creen todo lo que les cuentan.

Alarico que no parpadeaba de cuanto manifestaban sus amigos, se animó a continuar la charla, no obstante advertirles que les iban a crucificar las “parientas” por estar alargando la tertulia más de lo normal, insinuando que debían levantar sus posaderas y marchar a coger el autobús que les acercara a casa:

Quiero contar dos cosas. Una, la historia de aquel capitán al que habían confiado la gobernabilidad de una gran nave para realizar una extraordinaria aventura por los océanos de la vida, y que estaba convencido de haber nacido para realizar grandes proezas. En principio nadie dudaba de que sus fines fuesen buenos, pero sí de dudosa realización. Su falso optimismo le inducía a continuar en su empeño. Así pues ocurrió que, después de un tiempo de bonanza en la navegación, no supo atisbar que las furias de Neptuno, en forma de murallón de nubes con gran desarrollo vertical, fueron adquiriendo un aspecto abigarrado y caótico que se les venía encima.

Capitán y oficiales comprendían que estaban navegando entre la prudencia, no queriendo desatar el pánico, y el realismo de la situación tal como era, creando desasosiego entre la marinería ante la falta de resolución y valía para afrontar los peligros que acechaba una mar revuelta, momentos en los que se prueba el temple de los héroes, no vacilando ante la misión encomendada para estar a la altura de las circunstancias, pues con una mar en calma cualquier marinero sale airoso.

El cielo empezó a obscurecer con aspecto amenazante, y lo que parecía fuerte temporal, terminó en galerna. Los gobernantes de la formidable embarcación observaron con inquietud la gravedad de la situación y prestos se pusieron a pedir socorro en todas las formas, maldiciendo su destino y culpando a todos de la desgraciada situación.

Cuando llegaron los auxilios, la nave estaba medio desarbolada y a la deriva, y durante mucho tiempo se dejaron sentir las lamentaciones y en las almas de todos los marineros quedó la huella de aquella frustrada aventura.

Y por último quiero terminar recordando lo que en otra ocasión os mencioné, sobre una frase que la tengo bien grabada en mi memoria, escrita por Indro Montanelli, en su Historia de Roma: “Que como todos los grandes imperios, el romano, no fue abatido por el enemigo exterior, sino roído por sus males internos”.

Eugenio

Madrid, Septiembre de 2011

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