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Combustibles

El combustible empleado en los faros primitivos era la madera. Esto suponía un gran inconveniente puesto que era necesario realizar un gran esfuerzo para subir la madera hasto lo más alto del faro y se precisaba, además, de grandes silos para almacenarla.

Posteriormente, se empieza a utilizar el carbón que también tenía el principal inconveniente de la gran cantidad de humo que se producía, toda vez que también era necesario desplazar y almacenar grandes cantidades de este combustible.

Con estos inconvenientes, muy pronto los faros de carbón y madera resultaban muy poco prácticos. Años más tarde, se comienzan a utilizar aceites para mantener los faros iluminados aunque también, la humareda y el hollín que se producía en la combustion, ocasionaba grandes dificultades para distinguir la llama desde grandes distancias. Ennegrecían los vidrios de la linterna y exigían un mantenimiento permanente.

En 1780 se produce  un importantísimo descubrimiento que revolucionaría el método de iluminación de los faros. El físico suizo Aimé Argand patentó una lámpara con un quemador circular, una mecha tubular y una columna de aire con la que dirigiría y regulaba el suministro de aire a la llama. Argand descubrió que la columna circular de aire reducía el "parpadeo" de la llama. En 1880, Bertrand G. Carcel añadió a este diseñó una bomba con mecanismo de reloj para alimentar el aceite a la mecha. La lámpara Argand se convirtió en el standard de fotometría debido a la constancia de su luz.

En las lámparas se quemaban aceites de distintos tipos. Básicamente se utilizaban aceites de colza, cacahuete, oliva y también de origen animal, fundamentalmente, el aceite de ballena.

En 1885 el austriaco Carl Auer Welsbach inventó la lámpara de incandescencia, una lámpara que, al alcanzar la incandescencia producía una llama muy luminosa

Más tarde en 1892 el descubrimiento del acetileno fue decisivo para permitir la instalación de faros mar adentro aunque, en sus comienzos, su manipulación y almacenaje no estaban exentos de peligros. Este riesgo se vió minorado al mezclar el acetileno en acetona disminuyendo así su poder detonante.

Entre finales del siglo XIX y mediados del XX comenzó gradualmente la electrificación de los faros. Donde no era posible conectar los faros a la red de distribución electríca, la electrificación se fue consiguiendo gracias a la utilización de grupos electrógenos e incluso utilizando energías alternativas como la eólica o la solar.



Fuentes bibliográficas:

Faros del Mundo: Donde la tierra se encuentra con el mar. Ediciones del Prado. 2000

Por los faros del Cantábrico. Autor: Lino J. Pazos. Damaré

Faros del Mundo. Autora: Anna María Mariotti. Edit. Ediciones Librería Universitaria de Barcelona, S.L. 2007


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